En estos tiempos que corren muchas veces nos sentimos perdidos, sin rumbo y sin saber bien adónde vamos; nos desbordamos con hechos pueriles y nuestras respuestas son inadecuadas a la situación. Entramos en un estado de vulnerabilidad que no percibimos y damos la oportunidad para que se nos cuelen ideas salvadoras provenientes de algún “maestro”.
También sucede que en la búsqueda de algo nuevo, o al querer salir de donde estamos estancados aparecen soluciones mágicas de la mano del “maestro”.
Y así podemos describir gran cantidad de situaciones en las que, con buenas intenciones, un “maestro” comienza a tener influencia sobre nosotros; casi sin darnos cuenta le entregamos el poder de decidir en nuestros temas tanto íntimos y personales como laborales o profesionales. Y dije “con buenas intenciones” porque ya sabemos que de los otros hay abundancia.
Entonces, ¿qué es un maestro…? Según la RAE: “alguien que instruye o guía a otros, ya sea en un ámbito académico, artístico o técnico.”
O sea, es una persona que tiene como oficio o profesión la educación de otras personas en distintas disciplinas. Pero hay otra clase de maestros… los maestros espirituales, o guías espirituales, que son personas que ayudan a otros en su camino de desarrollo personal y espiritual, ofreciendo orientación, enseñanzas y modelos a seguir. Y es de éstos es de quien debemos cuidarnos.
Los primeros son de admirar, son los héroes y heroínas de la humanidad. Son quienes tienen en sus manos nada menos que la educación de los niños/as que en un futuro tomarán las decisiones más trascendentales.
Los otros pueden ser honestos y realmente guiar a quien lo requiera en momentos tormentosos. Son los menos, los hay muy conocidos y los anónimos, los que pasan desapercibidos por la vida pero que cumplen a la perfección su tarea.
Pero…siempre hay un pero, están los que se autoproclaman “maestros”…y engañan a la gente. Están por todas partes. Es increíble como pululan sobre todo en tiempos de zozobra. Y estafan, mienten, roban, generan falsas expectativas, destruyen familias, esclavizan, violan y muchas tropelías más. Tienen la habilidad de ser creíbles y su simpatía entradora les permite llegar hasta donde nosotros lo permitimos. Cuanto más susceptibles estamos por nuestras cosas más nos abrimos a que estos chantas se apoderen de nuestra capacidad de dirigir cada uno su vida.
Considero “Maestro” a la persona que con humildad y honestidad guía a quien lo necesite. No hace el trabajo de los demás, sólo acompaña y entrega amorosas sugerencias. Y es Maestro porque yo lo considero así, no porque él o ella me lo impongan. Es una cuestión de respeto que genera alguien con su presencia, con su actitud y sobre todo con su ejemplo. Con su bondad, conocimientos de la vida (aunque sea analfabeto), con su elocuencia silenciosa y con su deseo de servir para el bienestar del otro y luego retirarse sin esperar nada a cambio.
No es maestro quien se considera así, es maestro quien se gana el respeto de alguien y entra a su vida por el tiempo necesario y sigue su camino. Esta persona puede ser admirable maestro en un ámbito y nadie en otro. Y así es, no existe el maestro universal; al menos yo no lo conozco; y si aparece, seguro no es de este mundo.
Amigo/a te dejo esta reflexión al sólo efecto de ponerte a cubierto de malas personas con lindas palabras, malas intenciones y que tratarán de engañarte en su beneficio. En el mundo en que me muevo he conocido toda clase de mercachifles con pretensiones de sabios.
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